Régimen de Transición

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La Asamblea Constituyente fue desde el día de su instalación una especie de fábrica de abusos y atropellos. Fue así como teniendo Plenos Poderes únicamente para escribir la nueva Carta Política, arranchó facultades que nunca le fueron confiadas y cometió actos nulos y arbitrarios como elaborar mandatos, conceder amnistías e indultos, nombrar y despedir funcionarios públicos y en sus pocos ratos libres, redactar la Constitución dizque del “buen vivir”.Durante ocho interminables meses, la mayoría oficial hizo con las leyes aún vigentes lo que le dio la gana y terminó aprobando en sus largas noches revolucionarias, uno, dos, tres, o nosecuántos textos, tras poco o ningún debate el 19 de julio. Ese día no se votó ni el preámbulo, ni las Transitorias. Mucho menos el llamado “Régimen de Transición”.

En otra de sus largas jornadas donde los asambleístas del régimen veían el amanecer, sin debatir, o si acaso lo hacían ni siquiera estaban conscientes porque los vencía el sueño, introdujeron el célebre Régimen de Transición que hoy, el Tribunal Supremo Electoral por disposición de la gallada de Cordero, nos quiere obligar a votar junto con el texto constitucional.

En primer lugar, el Régimen de Transición merece el rechazo de los demócratas porque es el instrumento que consagra el poder total del régimen y consolida el hiperpresidencialismo. Tal propósito jamás podría ser aceptado por ciudadanos que queremos seguir haciendo uso de nuestras libertades individuales.

Pero no solo esa intención nefasta es la que amerita un voto de protesta. También, en la órbita jurídica, el Régimen de Transición es inaceptable. Y es inaceptable porque su contenido no forma parte del contenido del llamado “texto constitucional”. De hecho, no es siquiera un acápite, o una disposición transitoria, ni parte del prólogo, ni nada que se le asemeje.

El Régimen de Transición es, en esencia, un fantasma. No existe. Tan así es que no tiene valor alguno, que para su vigencia es necesario que gane el SI. Es decir, es un conjunto de disposiciones cuya vida está necesaria e indefectiblemente atada, amarrada, a la aprobación del Proyecto del gobierno.

Preguntamos, cómo es que el Tribunal Supremo Electoral pretende que los ecuatorianos hagamos un acto nulo el 28 de septiembre, pues en el Referéndum no se puede consultar otra cosa que no sea el Proyecto de Constitución. Si el Régimen de Transición no es parte de ese documento elaborado al apuro en Montecristi, por qué no se somete a votación en otra papeleta, o en otro proceso.

La respuesta es simple. Primero, porque al gobierno le conviene que sus seguidores lo vean como parte de un “todo” en su proyecto “socio paquetazo”. Y segundo, porque no existe ningún atajo jurídico para que el Régimen de Transición sea sometido a la autoridad del pueblo, que no sea mediante la violación del Estatuto.

Votar el texto del Proyecto de Constitución y al mismo tiempo el Régimen de Transición, constituye un acto que nulita el Referéndum. Habrá mucha tela que cortar después del 28 de septiembre, independientemente de cual sea el resultado.

Jimmy Jairala – Martes 26 de agosto/08

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